Software Libre

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La tecnología es un arma de doble filo cuando se trata de la lucha por la defensa de los derechos humanos. Empresas privadas y gobiernos se encuentran en una carrera armamentista para desarrollar herramientas de vigilancia, control remoto y espionaje; estas tecnologías se utilizan no sólo para defender la seguridad nacional sino que, lamentablemente en muchos casos, también son una herramienta de opresión y censura contra las y los ciudadanos. Sin embargo, no todo es negativo; por suerte existen organizaciones y comunidades en internet que desarrollan soluciones y herramientas para combatir tales abusos.

El software libre juega un papel importante en este ámbito; y aunque todavía existen muchos retos, se ha avanzado bastante en el desarrollo de tecnologías enfocadas en la confidencialidad y el anonimato, aspectos vitales para la defensa y extensión de los derechos humanos y digitales.

El software libre es aquel que nos da la libertad de copiar, estudiar, modificar y distribuir los programas sin restricción y nos ofrece acceso a su código fuente (es decir, la descripción de las instrucciones que la computadora ejecuta cuando se corre un programa). Este grado de transparencia garantiza que los programas de software libre no tengan ninguna funcionalidad oculta, como suele suceder con el software privativo; por ejemplo las puertas traseras en los sistemas Windows que recolectan y envían información de los usuarios a Microsoft, o la funcionalidad de acceso remoto descubierta en los celulares Samsung en 2014. Al mantener su código en secreto, el software privativo se vuelve menos confiable, y más aún cuando sabemos que los gobiernos están presionando a las empresas de tecnología para que desarrollen software intencionalmente vulnerable con tal de facilitar la vigilancia en nombre de la seguridad nacional.

 

El principal reto que existe hoy en día para las y los defensores de derechos humanos es la educación y sensibilización en temas de seguridad digital. Las empresas privadas y los gobiernos invierten recursos y energía para asegurar su infraestructura y sus políticas de seguridad; por otro lado, las organizaciones y las y los miembros de la sociedad civil aún no tienen la costumbre o la práctica de analizar los riesgos y las amenazas de seguridad digital a los que se enfrentan. Esta disparidad pone en desventaja a las y los usuarios en riesgo, y en muchas ocasiones puede tener un impacto negativo en nuestros trabajos y en nuestra sociedad. Debemos aprender a identificar nuestros puntos débiles y nuestras capacidades, y los de nuestros adversarios; sólo así podremos desarrollar las habilidades necesarias para defendernos ante una posible amenaza. 

Las herramientas y soluciones se encuentran disponibles y accesibles de modo fácil, pero si no conocemos bien cuáles son nuestras necesidades difícilmente podremos aplicar las técnicas adecuadas para proteger nuestros datos. La forma como nos comportamos en línea, nuestras prácticas y políticas son las principales herramientas que tenemos para defendernos de los peligros virtuales. Los programas y las aplicaciones van cambiando y evolucionando con el tiempo, por lo que tenemos que mantenernos actualizados; no obstante, nuestros comportamientos son más duraderos y por eso observarlos y mejorarlos es la única solución a largo plazo. Independientemente de nuestra área de trabajo y las actividades que desarrollemos en línea, debemos preguntarnos “¿qué tan importante es el buen manejo y protección de mi información?” y “¿cuáles serían las consecuencias si mis datos fueran comprometidos?”. Las nuevas tecnologías y el software libre mejoran nuestra calidad de vida y nos conectan con el mundo, pero la seguridad y la defensa de los derechos dependen de cada uno de nosotros.

Chetumal, Quintana Roo